Tava, feliz de haber desviado su destino, continuó con sus trueques. Los granjeros decidieron volver a llevar a Tava lejos del establo, quizá tendrían suerte y podrían matarla por fin.
En esas épocas, los animales cuidaban de Tava como si fuera una maravilla, por lo que las guardias nocturnas, a cargo del gato Heleno, despertaron a toda la granja y, entre picotazos, mordidas y arañazos, los granjeros mejor se fueron a dormir. La mañana siguiente, el granjero tuvo una fantástica idea. Como últimamente los cerdos lanzaban mordidas al momento en que iban por ellos para venderlos en trocitos, la vaca Tava sería la carnada perfecta.
Tava era puesta frente al cerdo elegido y, conducido por la vaca que, a su vez, era conducida por el granjero, era llevada hasta la cerca de la granja. Ya cerca de ahí, y llevado por el privilegio de tener un poco de magia gratis, el cerdo no oponía resistencia. Súbitamente lo metían a la cajuela de una camioneta con destino al matadero. Como premio, Tava recibía un poco de comida extra, además de la que ya le daban los animales sedientos de magia. Cuando los animales notaron la función de Tava, algunos continuaron comprando magia, más que otra cosa, por la reputación maravillosa de la vaca…
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