Allí, la resolución fue más sencilla. El jefe sindical se hartó pronto del desorden, revueltas en miniatura.
Un día de Mayo, Tava recibió un disparo entre los ojos. El líder sindical decidió quemar su cadáver, no fuera a ser que el germen revoltoso se esparciera.
FIN
Si quieres saber más del cuento, haz click aquí.