Estuvo unos minutos sentada, cargando el ansia de los lechones.
Luego se levantó y regresó al gallinero, como si nada hubiera pasado.
Todavía algunos pollitos se aventuraron a intercambiar alpiste por magia, como si Tava pudiera regresarles a sus hermanos no-natos, asesinados por los granjeros. Uno que otro lechón quiso pensar que la magia de Tava lo podría salvar de adornar una mesa de comedor. Y algunos creyeron que el intercambio valía la pena.
La vaca dio algunos becerros, pero la crisis fue muy fuerte y tuvieron que venderla en paquetes de 150 gramos. Ya en forma de abono, Tava sonrió al escuchar que un viejo saltamontes contaba la historia de una vaca que le dio un poco de magia en tiempos difíciles.
FIN
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